La luz del talento: Juan Leyrado conmovió en el cierre de la FILAB con una actuación magistral que nos invita al arte de volver a ver1000622377.jpg

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Por Claudio Visso para Portal Buenos Aires y Multiplaforma Medios

ALMIRANTE BROWN — En una jornada imborrable para la cultura local y regional, la 10ma. edición de la Feria Internacional del Libro de Almirante Brown (FILAB) bajó el telón el pasado domingo 11 de octubre con una presentación que trascendió lo literario y lo teatral para convertirse en una experiencia transformadora. El encargado de sellar esta noche histórica fue Juan Leyrado, quien deslumbró al público con su encarnación de Domingo Faustino Sarmiento en el unipersonal Sarmiento, la clase (obra de Juan Francisco Dasso con dirección de Nicolás Dominici), logrando una actuación que no solo conmovió a los presentes, sino que dejó una marca profunda en la memoria colectiva del encuentro.

Hay actores que interpretan personajes, y hay verdaderos maestros de las tablas que transforman el aire de una sala con solo dar un paso en escena. Juan Leyrado pertenece a esa estirpe única. Con una capacidad actoral deslumbrante, una entrega visceral y esa presencia magnética que atrapa hasta al espectador más distraído, Leyrado no solo actúa: conmueve, sacude y revive fantasmas de la historia para confrontarnos con nosotros mismos.

En la propuesta dramatúrgica, la composición de Leyrado alcanza cotas de mística y maestría pura. La precisión física y el asombroso parecido con las imágenes históricas del «padre del aula» se combinan con un despliegue interpretativo de enorme volumen intelectual. Despojándose de la ficción tradicional, la obra se sostiene sobre una conferencia performática en la que Sarmiento vuelve de la penumbra para disertar frente al público. Al ponerse en la piel del prócer —un hombre de personalidad arrolladora, complejo y atravesado por el egocentrismo y las polémicas de su época—, el actor dota a la escena de una fuerza desbordante. No estamos ante meros espectadores en la sombra: Leyrado nos convierte en la excusa misma para que ese fantasma hable y reactive las grandes preguntas de la historia.

En cada gesto, en cada matiz de su voz y en la mirada viva con la que domina la escena, Leyrado nos demuestra por qué es un pilar indiscutible de nuestra actuación. Pero su verdadero triunfo en el marco de esta décima edición de la FILAB no fue solo deslumbrarnos con su virtuosismo interpretativo y su mimetismo impecable, sino recordarnos la esencia misma de estar vivos.

En un mundo que a menudo se vuelve rutinario y gris, la voz firme y apasionada de Leyrado nos dejó una premisa que debería quedar grabada a fuego en el corazón de la cultura popular:

«Que nunca se pierda la capacidad de asombro, porque asombrarse no es otra cosa que salir de las sombras.»

Ahí reside la verdadera grandeza de su arte y el valor fundamental de espacios como la Feria del Libro: Juan Leyrado no solo regaló una presentación memorable para el cierre del evento, sino que le quitó la venda de los ojos a la multitud, nos arrancó de la penumbra y nos devolvió la luz del asombro.