Cómo el Dogma Libertario Incendia la Patagonia (y Nuestra Soberanía) Por Nicolas Schamne

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La Patagonia arde hoy no por una fatalidad climática, sino por la aplicación deliberada de una ideología que sacrifica lo público, lo colectivo y lo vital en el altar de un mercado abstracto y despiadado. Esta es la consecuencia lógica, predecible y algorítmica del ajuste.

Argentina se encuentra entre los 15 países con más deforestación del mundo y el gobierno nacional redujo los presupuestos de la Ley de Bosques y del Fondo Nacional de Manejo del Fuego, lo que disminuye la capacidad de las provincias para el control de los desmontes ilegales e incendios.

Se estima que el 95% de los incendios forestales se producen por el accionar humano extranjero o nacional ya sea por intencionalidad, negligencia o accidentes por fogatas, asados y colillas de cigarrillos mal apagados, la preparación de áreas de pastoreo con fuego y la quema de residuos forestales.

El fuego que consume bosques nativos y amenaza comunidades no es un mero desastre natural; es la materialización de una doctrina. El Gobierno actual opera bajo un código binario simplista: lo estatal es ineficiente, lo privado es sagrado. En este marco, el recorte del 70% al Programa Nacional de Manejo del Fuego no fue un error contable, sino un acto de fe ideológica. Se desmanteló a propósito el escudo protector del bien común, creyendo que el «mercado» o la caridad llenarían el vacío. El resultado es este infierno desigual, donde brigadistas precarizados—héroes modernos con salarios de hambre—se enfrentan a las llamas con herramientas menguadas, mientras se prioriza la adquisición de chatarra bélica (los F-16) sobre aviones hidrantes. La ecuación es obscena: jets supersónicos sobre vuelan territorios que se carbonizan por falta de inversión básica.

Este episodio es un nodo crítico en una red de problemas mayores. Primero, es la negación geopolítica de la soberanía. Un Estado que abdica de su capacidad para proteger su territorio y a su gente—especialmente en una región estratégica y vulnerable como la Patagonia—no es un Estado minimalista, es un Estado fallido en construcción. Segundo, revela la falsa dicotomía entre economía y ecología. El bosque nativo perdido no es solo un «recurso»; es un ecosistema irreparable, un sumidero de carbono, un sostén de vida. Su destrucción tiene un costo económico monumental a largo plazo, que los dogmáticos del equilibrio fiscal de hoy externalizan hacia un futuro que no contemplan. Tercero, evidencia la precarización como política sistemática. La negativa a reabrir paritarias y otorgar un bono de emergencia a los trabajadores del fuego no es austeridad, es un mensaje: la vida y el esfuerzo de quienes sostienen las líneas críticas valen menos que la obediencia a un déficit cero teórico.

La metáfora poderosa aquí es la del «algoritmo del sacrificio». Este Gobierno ha programado la administración pública con una serie de instrucciones rígidas: recortar, desregular, privatizar. El output, como en cualquier sistema informático, es exacto y deshumanizado: incendios sin medios para apagarlos, trabajadores sin poder adquisitivo, comunidades desprotegidas. No es incompetencia; es coherencia letal con un manual.

La conclusión, por lo tanto, no puede ser un simple pedido de más recursos. Debe ser una reprogramación radical de las prioridades nacionales. Exigimos la inmediata declaración de la emergencia ambiental y la restitución total de fondos, pero eso es sólo el anti-virus para esta crisis. La verdadera visión audaz es reconstruir un Estado inteligente, preventivo y presente, que entienda que la verdadera riqueza está en su gente y en su territorio. Un Estado que, lejos del clientelismo, invierta estratégicamente en ciencia ambiental, en equipos de primera línea, en trabajo digno y en una industria de defensa que priorice proteger el suelo patrio de incendios reales antes que comprar espejitos bélicos de potencias extranjeras.

Que las cenizas de la Patagonia no sean sólo el luto de un bosque, sino el abono de donde surja una conciencia colectiva: la de que la patria se defiende con aviones hidrantes, con brigadistas bien pagos, y con la firme convicción de que algunos bienes—el aire, el agua, la tierra, la paz social—no están en venta. El futuro no es viral; es comunitario, o no es.

Nicolas Schamne

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